Principal > Libro > Autor, prólogo y presentación

AUTOR
 

P. Juan Manuel
Cabezas Cañavate
(Sevilla, 1966)

    Sacerdote de la diócesis de Cuenca, pertenece al Instituto Secular
«Servi Trinitatis», del que es Secretario General. Estudió filosofía y
teología en el Seminario Mayor
San Julián de la diócesis de Cuenca, y se
doctoró en derecho canónico
en la Pontificia Universidad de Salamanca
en 1997, con la tesis doctoral
«Condición canónica y misión de los
Institutos Seculares en el Código de
derecho Canónico de 1983». En la
actualidad, desempeña funciones
pastorales en la diócesis de Cuenca y
es Defensor del Vínculo en el
tribunal diocesano.


PRÓLOGO

D. Ramón del Hoyo,
Obispo de Cuenca
en la fecha de
publicación del libro
    Con gran alegría recibí la invitación a prologar el libro, titulado «Institutos
Seculares: Ser y Quehacer», de un joven sacerdote de mi diócesis.
Considero muy importante que los sacerdotes estén bien formados.
Desde que llegué al episcopado he sido constante en afirmar a mis
clérigos y seminaristas la necesidad de que tengan una profunda vida
de oración y aspiración a la santidad y que, a la vez, tengan una formación
sólida y completa. Ambos aspectos han sido subrayados por el concilio
Vaticano II.

    Por todo ello me es muy grato que salga a la luz esta tesis doctoral, fruto de un intenso trabajo
bajo la dirección y guía del padre Juan Luis Acebal
Luján O.P., que marchó a la casa del Padre
hace unos meses. Fue
defendida en la Facultad de Derecho Canónico de la Pontificia
Universidad de Salamanca, en abril de 1997.

    Conozco bien al autor, ya que forma parte de la Curia Diocesana, desde su puesto de
defensor del vínculo. Ello me ha permitido comprobar su competencia en el trabajo,
competencia que demuestra también en este bien logrado trabajo de investigación sobre
un tema por otro lado nada fácil, como es el de la consagración secular.

    El autor pertenece a una Asociación pública de fieles que es un Instituto Secular en formación.
Entra en el tema vivencialmente, por lo que no nos encontramos ante unas reflexiones frías y
meramente académicas, sino que se hallan respaldadas por la vida. Además, llama la atención
que en esta tesis se hayan acometido temas que han sido, y siguen siendo, objeto de grandes
discusiones por parte de los especialistas en la materia, y que el autor no ha omitido ni
esquivado, sino que ha afrontado de cara, con gran conocimiento de la materia, aportando su
propia visión de los mismos y fundándola sobre argumentos sólidos y bien construidos.

    Quizás no sea un libro para el gran público, sino más bien para el cristiano instruido y con
inquietudes, que puede encontrar en este libro una pista para desenvolver su deseo de una
mayor entrega a Dios. Hay un número creciente de cristianos que quieren vivir más
perfectamente su seguimiento del Señor, lo cual es un fenómeno esperanzador en la situación
actual de la civilización occidental, afectada en gran medida por el paganismo, como ya nos
advirtiera Su Santidad el papa Juan Pablo II.

    La vida consagrada es una gran riqueza en la Iglesia y, como ha afirmado el concilio
Vaticano II, pertenece, de manera indiscutible, a su vida y santidad. El Santo Padre ha
considerado la cuestión tan importante que le ha dedicado el Sínodo de 1994, fruto del
cual fue la exhortación apostólica «Vita Consecrata». Este documento ha intentado recordar
los principios fundamentales de la vida consagrada totalmente a Dios por medio de los
consejos evangélicos, ha recordado su valor y actualidad y ha señalado las características
de los diversos institutos existentes. Entre estos, ha vuelto a defender con rotundidad las
características esenciales de los Institutos Seculares, la consagración y la secularidad,
así como la posibilidad de que pertenezcan a los mismos tanto clérigos como laicos.

    Es absolutamente necesario que toda esta doctrina tan rica sea conocida cada vez más
exacta y profundamente por los cristianos, especialmente por los más comprometidos.
Para todos ellos puede ser de gran utilidad este libro que, aunque cargado con el necesario
bagaje científico requerido por la naturaleza de toda tesis doctoral, puede resultar bastante
fluido si el lector sabe pasar deprisa por las partes más científicas, y se detiene en los
contenidos esenciales.

    Imploramos la ayuda de la gracia del Señor para que esta publicación sirva a la mayor gloria
de Dios y contribuya al conocimiento de estas realidades y a un mayor fervor de vida espiritual
entre los cristianos, que hoy somos convocados por Su Santidad el Papa a la nueva
evangelización del mundo.


PRESENTACIÓN

P. Gratiniano Checa,
Director General de
«Servi Trinitatis»
   Los Institutos Seculares son todavía una institución joven dentro de
la Iglesia, pues cuentan apenas con algo más de cincuenta años de vida
y, sin embargo, ya han escrito páginas de gloria en la historia
contemporánea del cristianismo. Resulta una paradoja llamativa y
curiosa el hecho de que, por una parte, aparecen en gran medida
ignorados por muchos cristianos y, por otro lado, se difunden por todo
el mundo, llegando hasta los confines de la humanidad.

    Esta nueva forma de consagración en la Iglesia ha sido desde su inicio signo de
contradicción. Ha sido tan grande la novedad suscitada por el
Espíritu Santo en ella que, a
duras penas, ha sido comprendida por no
pocos autores, por otra parte muy beneméritos y
competentes.

    Es, por consiguiente, de suma importancia que existan publicaciones que den a conocer
a los cristianos las grandes riquezas de esta forma de consagración en el interior del mundo.
Así creemos que lo hace la obra que ahora presentamos.

    Hasta la aparición de los Institutos Seculares todo aquél que quería consagrarse al Señor
tenía que dejar el mundo y entrar en Religión. Mas Dios en su corazón, contemplando las
necesidades del mundo contemporáneo, para que fuera eficaz la Redención de Cristo en
muchos ambientes del mundo contemporáneo, ha suscitado esta irrupción de gracia que son
los Institutos Seculares, en los cuales los seglares pueden dedicar a Dios su vida siendo tan
consagrados como los religiosos, sin que dejen de ser, al mismo tiempo, tan seglares como
los demás seglares, o más todavía, ya que, si son fieles a su vocación, son y viven en plenitud
lo que el Señor quiere que sea y viva un seglar.

    Es de suma importancia que en todos los ambientes sociales y en todas las profesiones
se encuentren personas que sean totalmente del Señor, de modo que pueda realizarse una
especie de encarnación de Jesucristo a través de esa persona. Los seglares consagrados
son especialmente necesarios en la sociedad contemporánea ya que, en muchos ambientes,
debido al proceso de secularización, si no es a través de ellos muy difícilmente o de ninguna
manera va a poder llegar el Evangelio. La experiencia de muchos años vividos como seglar
consagrado a Dios me ha permitido comprender un tanto la necesidad de los mismos y
su carácter absolutamente imprescindible.

    Ciertamente que cuando un seglar actúa, tanto en el ejercicio de su profesión como en todos
los actos de su vida, con una profunda vida interior, una sólida formación cristiana y humana y
poniendo en práctica todos sus talentos, se convierte en sal de la tierra y luz del mundo,
impactando muy positivamente en todos aquellos que le rodean, aun cuando no fueran
creyentes, y consiguiendo que su acción trascienda hasta a aquellos que no contactan con él
directamente, pero sí con los que se relacionan inmediatamente con él. Si todo lo anterior se
complementa con  la palabra evangelizadora y el espíritu de servicio, con el amor del Señor
en una palabra, no cabe la menor duda de que el Señor bendecirá esa vida y santificará
a los hombres y los ambientes se irán recapitulando en Cristo, ya que es una constante de la
economía divina que Dios exija primero al hombre que ponga todo lo que puede de su parte y,
cuando éste lo ha hecho así, entonces Dios obra, si es preciso, incluso lo imposible.

    Mas también los sacerdotes pueden formar parte de estos institutos. Es más, para que
pueda existir una plenitud total apostólica en el seglar del Instituto Secular tiene que ser
complementado por el sacerdote y viceversa. El seglar tiene que dar a conocer al clérigo
las diferentes realidades teóricas y prácticas de las diversas actividades y profesiones
en sus raíces y los problemas que tienen los otros seglares que con él conviven en la sociedad.
El sacerdote, enriquecido por este conocimiento, adquiere una mayor compresión de las
situaciones de la vida cotidiana. A la vez, el clérigo, debido a su formación y a su gracia de
estado, ilumina y estimula al seglar en su vida cotidiana, tanto en lo humano como en lo divino
y apostólico.

    Es innegable que esta mutua complementariedad es tanto más eficaz cuanto que es más
estrecha la relación entre seglares y sacerdotes. Por eso resulta óptimo, de cara a estos fines,
la vida en común de sacerdotes y seglares consagrados en el marco de un Instituto Secular que
comprenda ambos tipos de miembros. Por ello, no ha de extrañar que los papas Pablo VI y
Juan Pablo II hayan dicho tales maravillas de estos institutos: «Justamente mi predecesor,
el papa Pablo VI, quien tanto aprecio mostró por los Institutos Seculares, decía que si
‘permanecen fieles a su propia vocación serán como el laboratorio experimental en el cual
la Iglesia verifica las modalidades concretas de sus relaciones con el mundo’. Prestad, pues,
vuestro apoyo a tales institutos para que sean fieles a la originalidad de sus carismas
fundacionales reconocidos por la jerarquía, y vigilad para descubrir en sus frutos la
enseñanza que Dios quiere darnos para la vida y la misión de toda la Iglesia» (Juan Pablo II,
Discurso a la plenaria de la Sagrada Congregación para los Religiosos y para los Institutos
Seculares, 6 de mayo de 1983).

    No se pueden decir palabras más sublimes acerca de la misión que la Iglesia encomienda
a los Institutos Seculares. Por eso tampoco extrañará que el papa Juan Pablo II haya dicho que
es necesario conocer y dar a conocer esta vocación tan actual y tan urgente de personas que
se consagren a Dios en medio del mundo. Esto es lo que trata de hacer este libro, «Institutos
Seculares: Ser y Quehacer». Y lo hace siguiendo muy de cerca el Magisterio de la Iglesia
acerca de estos institutos, el cual es estudiado detenidamente y en su totalidad, sin mutilarlo
o acomodarlo a la propia teoría, lo que constituye una base sólida para las afirmaciones que
en ese estudio se hacen.

    En este libro se señala, muy acertadamente, que el punto principal de todo estudio se halla
en la coesencialidad entre secularidad y consagración que se da en el miembro de estos
institutos. Es precisamente ésta la novedad más llamativa de esta nueva forma de
consagración y la más incomprendida. Me sirve como ejemplo para entender la
coesencialidad, y para ayudar a hacerla comprender, la comparación con la relación íntima
y estrechísima que se da entre la divinidad y la humanidad de nuestro Señor Jesucristo.
Jesús es plenamente hombre y plenamente Dios. El ser hombre en nada le impide o limita
ser Dios. El ser Dios para nada daña su humanidad, es tan hombre como los demás, es más,
es el Hombre por excelencia, el más perfecto hombre, ya que en Él no hay ni rastro de pecado,
el cual rompe el proyecto original de Dios para el hombre, tarándolo e impidiéndole ser y vivir
lo que el hombre realmente es.

    De manera similar, el laico que se consagra a Dios no deja de ser seglar, sino que lo es
al igual que los otros seglares y, si cabe, aún más, ya que, libre de todos los impedimentos
que suelen apartar a los hombres del cumplimiento del plan de Dios sobre ellos, es el que vive
en plenitud como el Señor quiere que viva un seglar. Y, a la vez, el laico consagrado es
tan consagrado como el religioso de clausura, sin que el ser seglar dé menos valor a la
consagración.

    Gran alegría tenemos, pues, de que aparezcan publicaciones como ésta, que aporten
claridad y firmeza en un terreno en que existe en nuestros días un gran desconocimiento
y confusión. ¡Dios está suscitando numerosas vocaciones a la vida consagrada seglar
y cuántas se pierden por no tener un apoyo adecuado o incluso por ser desorientadas!
Deseamos que este libro contribuya a que muchas personas encuentren el camino
de una entrega total a Dios en la vida consagrada sin salir del mundo. Es una auténtica
lástima que se pierdan tantas energías en caminos desorientados, precisamente por no
seguir el camino de luz que nos ofrece el Magisterio de la Iglesia respecto de estas
providenciales instituciones e impidiendo que den todo el fruto que el Señor querría
para bien de la Iglesia y del mundo. Precisamente el Código de Derecho Canónico de 1983,
en el que se centra este libro, constituye la doctrina más rica y completa dada hasta ahora
por la Iglesia acerca de los Institutos Seculares. Quiera Dios que dicha enseñanza cale
profundamente en el pueblo cristiano y produzca mucho fruto.

Principal > Libro > Autor, prólogo y presentación