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UN GRAN REGALO DE DIOS
PARA NUESTROS DÍAS:
LOS INSTITUTOS SECULARES
 

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P.- Citas de la Palabra de Dios, del Papa o del Magisterio
J.-  Joven que se plantea su vocación
A.- Amigo que conversa con la persona anterior

P.- «Jóvenes que me escucháis, dejadme continuar... Dejadme también repetiros lo que ya os dije en Santiago de Compostela, en la Jornada Mundial de la Juventud: “No tengáis miedo a ser santos... No tengáis miedo; seguid a Jesucristo, que es fuente de libertad,  de vida. Abríos al Señor para que Él ilumine todos vuestros pasos. Que Él sea vuestro tesoro más querido. Y si os llamara a una intimidad mayor, en la vida sacerdotal o religiosa, no cerréis vuestro corazón - Santiago de Compostela.» [1]
 

P.- «Os hablo particularmente a vosotros, jóvenes. Más bien quisiera hablar con vosotros, con cada uno de vosotros. Me sois muy queridos y tengo gran confianza en vosotros. Os he llamado esperanza de la Iglesia y mi esperanza.

»Recordemos algunas cosas juntos. En el tesoro del Evangelio se conservan las hermosas respuestas dadas al Señor que llamaba. La de Pedro y la de Andrés su hermano: "Ellos dejaron al instante las redes y le siguieron" (Mt 4,20). La del publicano Leví: "Él, dejándolo todo, se levantó y le siguió" (Lc 5,28).  La de los apóstoles: "Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna" (Jn 6,68). La de Saulo: "¿Qué he de hacer, Señor?" (Hch 22,10). Desde los tiempos de la primera proclamación del Evangelio hasta nuestros días, un grandísimo número de hombres y mujeres han dado su respuesta personal, su libre y consciente respuesta a Cristo que llama. (...). Han servido al pueblo de Dios y a la humanidad con fe, con inteligencia, con valentía, con amor. Ha llegado vuestra hora. Os toca a vosotros responder. ¿Acaso tenéis miedo?

»Reflexionemos, pues, juntos a la luz de la fe. Nuestra vida es un don de Dios. Debemos hacer algo bueno. Hay muchas maneras de gastar bien la vida, poniéndola al servicio de ideales humanos y cristianos. Si hoy os hablo de consagración total a Dios (...) es porque Cristo llama a muchos de entre vosotros a esta extraordinaria aventura. Él necesita, quiere tener necesidad de vuestras personas, de vuestra inteligencia, de vuestras energías, de vuestra fe, de vuestro amor y de vuestra santidad. (...)

»Encontraréis dificultades. ¿Creéis quizá que no las conozco? Os digo que el amor vence cualquier dificultad. La verdadera respuesta a cada vocación es obra de amor. La respuesta a la vocación sacerdotal, religiosa, misionera, puede surgir solamente de un profundo amor a Cristo. Esta fuerza de amor os la ofrece Él mismo, como don que se añade al don de su llamada y hace posible vuestra respuesta. Tened confianza en "Aquél que es poderoso para hacer que copiosamente abundemos más de lo que pedimos o pensamos" (Ef 3,20). Y, si podéis, dad vuestra vida con alegría, sin miedo, a Él, que antes dio la suya por vosotros.» [2]
 

J.- Cuando oigo esto, siento en mi interior deseos de entregarme al Señor, de vivir para Él, de trabajar toda mi vida para que otros lo conozcan; ayudando a los hombres espiritual y materialmente.

Esta idea, aunque me causa algo de miedo, se me presenta como mi gran ideal; es más, como mi auténtica VIDA.

Sin embargo, cuando alguna vez he pensado en ponerla en práctica, en cómo concretarla en mi vida, me he encontrado con que las formas que conozco de vivir esa entrega radical al Señor y al servicio de los hombres, no me llegaban a satisfacer plenamente.

A.- ¿Por qué razón?

J.- Pues, por ejemplo, yo quiero entregar mi vida para Dios y para los demás, ¿no?, pero también quisiera poder estudiar una profesión y poder ejercerla plenamente en la sociedad como uno más de los jóvenes de mi edad. Pienso que así también puede actuar Jesús por mi medio.

A.- Escucha estas palabras de Juan Pablo II en 1983, que responden a tu inquietud:
 

P.- «Es necesario conocer y hacer conocer esta vocación tan actual y, quisiera decir, tan urgente...»
 

A.- ¿Sabes cuál es esta vocación en la que el Papa insiste que hay que conocer y que hay que hacer que se conozca?.

J.-  Pues no lo sé.

A.- Escucha la cita completa:
 

P.- «Es necesario conocer y hacer conocer esta vocación tan actual y, quisiera decir, tan urgente, de personas que se consagran a Dios practicando los consejos evangélicos, y en esta consagración especial, se esfuerzan por sumergir toda su vida y todas sus actividades, creando en sí mismas una disposición total a la voluntad del Padre y trabajando por cambiar el mundo desde dentro.»
 

A.- ¿Entiendes a qué se está refiriendo el Papa cuando dice "desde dentro"?

Estas palabras de Juan Pablo II son de 1983; en 1947, había nacido dentro de la Iglesia una realidad nueva. Esta realidad nueva es la que el Papa quiere que se conozca y que se dé a conocer... y creo que te va a interesar bastante.

J.- Bueno, ¿de qué se trata?

A.- Son los llamados Institutos Seculares. Se trata de una nueva forma de vivir los consejos evangélicos (es decir, esa forma de vida que Jesús mostró para quien la quisiera seguir con todas las consecuencias). Aquello que Jesús propuso al joven rico:
 

P.- «
    – Maestro, ¿qué he de hacer para alcanzar la vida eterna?

    – Ya sabes los mandamientos:
         no cometas adulterio
         no mates
         no robes
         no levantes testimonio falso
         honra a tu padre y a tu madre

    Él dijo:
    – Todo eso lo he guardado desde mi juventud.

    Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo:
    – Sólo una cosa te falta: vete, vende lo que tienes, dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego ven y sígueme.
»
 

A.- Ten en cuenta que este consejo, que Jesús da al joven rico, es para todos los cristianos. Así lo enseña el Catecismo de la Iglesia Católica, en el nº 915:
 

P.- «Los consejos evangélicos están propuestos en toda su multiplicidad a todos los discípulos de Cristo.»
 

A.- Pero algunos cristianos, además, se comprometen a vivirlos de forma estable en su vida. Por eso continúa diciendo el Catecismo:
 

P.- «La profesión de estos consejos en un estado de vida estable, reconocido por la Iglesia, es lo que caracteriza la "vida consagrada".»

P.- «Hay que recuperar la confianza en el valor y actualidad de los Consejos Evangélicos... ya que los jóvenes buscan precisamente esa radicalidad evangélica.» [3]
 

A.- La existencia de personas que sigan con radicalidad a Jesús y que se conviertan en instrumentos idóneos para la actuación de Dios sobre el mundo, es un elemento imprescindible en los planes de Dios para la salvación de todos los hombres. Sin embargo, presta atención a estas palabras del Papa Pío XII:
 

P.- «Estas Asociaciones, que por ello recibirán el nombre de Institutos Seculares, comenzaron a fundarse, no sin especial inspiración de la Divina Providencia, en la primera mitad del siglo pasado, para fielmente seguir en el mundo los consejos evangélicos y ejercitar con mayor libertad los oficios de la caridad, que a duras penas o de ningún modo podían ejercitar las familias religiosas.» [4]
 

J.- Es cierto; un religioso o una monja, o incluso un sacerdote, en el ambiente en el que yo me muevo... no me lo imagino... La gente los rechaza de entrada, y "pasa" de lo que venga de ellos.

A.-  Precisamente por eso, ante esta grave situación, Juan Pablo II nos habla con entusiasmo de nuevos horizontes y nuevas esperanzas en la Iglesia:
 

P.- «Debemos expresar una profunda gratitud al Padre de infinita misericordia, quien ha considerado en su corazón las necesidades de la humanidad, y con la fuerza vivificadora del Espíritu ha emprendido en este siglo iniciativas nuevas para su redención. Honor y gloria a Dios por esta irrupción de gracia, que son los Institutos Seculares, en los cuales manifiesta la inagotable benevolencia con que la Iglesia misma ama al mundo en nombre de su Dios y Señor.» [5]
 

A.- Son palabras para meditar, ¿verdad?. A partir de ahora, una persona que se plantee su vocación, deberá tener en cuenta, además de las formas tradicionales de vida consagrada, esta nueva iniciativa de Dios para nuestros días, esta nueva forma de vivir el seguimiento radical de Jesús inspirada por el Espíritu Santo; pues Dios le puede estar llamando a ella.

Con palabras del Catecismo [6], y del Código de Derecho Canónico [7], sería:
 

P.- «Estas personas participan en la tarea evangelizadora de la Iglesia, "en el mundo y desde el mundo", donde su presencia obra a la manera de fermento.»
 

A.- ¿Te imaginas un verdadero, un auténtico discípulo de Cristo, un cristiano que sigue a Jesús con toda radicalidad, por ejemplo, en la universidad? ¿o en el hospital, como médico; en una oficina, una escuela o una fábrica; en definitiva, en todas y cada una de las profesiones?

J.- Es cierto, realmente esto es algo que necesita nuestro tiempo. Así el Evangelio podrá llegar a todos los ambientes. ¡Oye!, realmente esto interesa; si mucha gente supiera esta maravillosa realidad...

A.- Qué cierto es lo que dices. Sí, y es una pena que no conozcan esta realidad muchos cristianos que, queriendo seguir al Señor con radicalidad, no encuentran una forma que les "encaje" en los modelos tradicionales que conocen.

Por eso, Juan Pablo II dice, con palabras textuales, que «es necesario conocer y dar a conocer esta vocación tan actual y tan urgente de personas que se consagren a Dios practicando los consejos evangélicos, trabajando por cambiar el mundo desde dentro».

J.- ¿Y por qué esto no se explica a los jóvenes en las parroquias o en los institutos en la clase de religión?; precisamente cuando uno piensa en cómo va a orientar su vida...

A.- Sin embargo, el Papa es optimista, y dice:
 

P.- «La promulgación del nuevo código permitirá ciertamente este mejor conocimiento de los Institutos Seculares.»
 

A.- Y afirma, en este mismo discurso – presta atención, que esto te interesa mucho –:
 

P.- «De este modo, surgirán respuestas generosas a esta difícil pero hermosa vocación de plena consagración a Dios y a las almas: vocación exigente, porque se responde a ella llevando los compromisos bautismales a las más perfectas consecuencias de radicalidad evangélica; y también porque esta vida evangélica debe encarnarse en las situaciones más diversas.»
 

A.- Realmente es una vocación fascinante, aunque difícil. Difícil porque supone estar metido de lleno en todos los "ajetreos" del mundo (la fábrica, el hospital, las aulas, la familia, los compañeros de trabajo...), pero sin "ser del mundo". Pasar desapercibido entre los demás pero siendo un auténtico testigo de Cristo, un cristiano con todas las letras.

Pero Dios, siempre que pide algo, da las gracias necesarias para llevarlo a cabo. Es una vocación difícil, pero fascinante.

J.- Entonces, para que yo me entienda. Una persona que pertenece a un Instituto Secular... ¿qué es exactamente?

A.- Es una persona que está bautizada y que quiere asumir los compromisos del bautismo hasta sus últimas consecuencias, aspirando a la perfección de la caridad; que quiere seguir el Evangelio con radicalidad, sin acomodaciones, fiándose totalmente de Cristo y comprometiendo con Él y con sus consejos, toda su vida.

J.- Bien, eso es una persona consagrada. Pero, ¿cuál es la forma concreta de vivir esto en un Instituto Secular?

A.- Buena pregunta. Aquí es donde encontramos la gran novedad de los Institutos Seculares. Escucha algunos párrafos de una instrucción del Pro-prefecto de la Sagrada Congregación al Congreso Mundial de Institutos Seculares, en agosto de 1984:
 

P.- «El punto importante y determinante, el que ha sido puesto en evidencia, es la secularidad. Los miembros de un Instituto Secular viven en el mundo (...)

 »Los miembros de Institutos Seculares viven en las condiciones ordinarias del mundo. A este propósito, se dan tres posibilidades: o viven solos, o en su familia, o en grupos de vida fraterna, según las constituciones
 

A.- (que son propias de cada instituto secular),
 

P.- »pero en el respeto total de su secularidad. Así como los demás laicos pueden formar espontáneamente la iniciativa de vivir juntos, aunque no sea más que por motivos prácticos...
 

A.- (Como, por ejemplo, tus compañeras de clase, que son de fuera y viven 3 ó 4 en un piso.) El documento termina diciendo:
 

P.- »... Subrayo pues, que los miembros de los Institutos Seculares viven en las condiciones ordinarias del mundo.»
 

J.- Perdona la pregunta, que a lo mejor no es necesaria, pero: ¿qué quiere decir que "viven en las condiciones ordinarias del mundo"?

A.- Pues, para que lo entiendas; quiere decir que, a lo mejor, ese compañero tuyo de universidad al que admiras por su comportamiento íntegro, por su trato amable y compañerismo, y por su testimonio cristiano valiente y decidido, posiblemente está consagrado a Dios, perteneciendo a un Instituto Secular.

Tú no notarás nada extraño en su vida, en su forma de vivir, de desarrollar su actividad, en su manera de vestir, de hablar... en cuanto a lo exterior.

La única y grandiosa diferencia está en su consagración, en su unión íntima y entrega total a Cristo, ayudado por el compromiso y vivencia de los consejos evangélicos que, naturalmente, se han de mostrar al exterior como una persona... ¿qué te voy a decir yo? Como si San Pablo, que decía «no soy yo quien vivo, es Cristo quien vive en mí» acudiera a la universidad. Pues en eso consiste la vivencia de los consejos evangélicos que él nos ofreció practicar.

Y esto mismo con un médico, un abogado, un cartero, que te trata bien, que trabaja bien y con alegría... son una "encarnación" de Jesús en nuestro mundo.

J.- Esto es algo maravilloso. Desde luego, Dios es genial. Sólo a Él se le podía ocurrir algo así. Ahora entiendo eso que dice el Código de Derecho Canónico y que antes me has citado: que los Institutos Seculares actúan como la levadura en la masa, en medio de la sociedad.

A.- Sí, ésa es verdaderamente la forma más eficaz de acción. No sólo lo dice el Código, sino también el Evangelio: ¿recuerdas la parábola de la levadura en la masa?: Dios ha querido que su Reino se extienda de esta forma por el mundo.

J.- Pero para eso hace falta que la levadura sea auténtica levadura, y eso queda garantizado con la radicalidad en el seguimiento de los consejos evangélicos, con la nueva consagración, ¿verdad?

A.- Exactamente. De ahí la eficacia de los Institutos Seculares, en los que se dan los dos elementos: ser (por la consagración) "levadura auténtica", como tú dices, y estar bien metida en la masa, en el mundo (por ser verdaderamente seglar; por la secularidad). Como dice el Código: «procuran la santificación del mundo sobre todo desde dentro de él, ordenando según Dios las realidades temporales y penetrando el mundo con la fuerza del Evangelio» [8].

Hay otro documento de la Sagrada Congregación, de mayo de 1983, que dice:
 

P.- «Estas repetidas precisiones del Derecho sobre el modo específico de vivir el radicalismo evangélico en los Institutos Seculares demuestran que la vida consagrada de estos institutos se caracteriza precisamente por la índole secular, de modo que el ser inseparables y coesenciales la secularidad y la consagración hacen de esta vocación una forma original y típica de la huella de Cristo.»
 

J.- ¿Se puede decir entonces que un Instituto Secular es como un "grupo de operaciones especiales" de la Iglesia Católica? ¿Algo así como la rama de la Policía Secreta, dentro de la Policía Nacional?, que no se distinguen de los demás ciudadanos (ellos también son ciudadanos, claro), y así pueden entrar en todo tipo de ambiente, para que pueda llegar hasta ahí la acción de la justicia.

A.- Sí, bueno, algo parecido.

Pero quisiera que pensaras también sobre otro aspecto de los Institutos Seculares: Todas las cosas que Dios ha creado son buenas. Están para nuestro bien y para dar gloria a Dios. Todas las realidades humanas nobles y buenas tienen que vivirse con el espíritu del Evangelio para que sean lo que tienen que ser: gloria de Dios y bien del hombre.

Sin embargo, vemos que las grandes fuerzas que rigen el mundo (los medios de comunicación social, la política, la economía, la filosofía...) están en general muy apartadas del Evangelio.

Fíjate qué bien explica esto Pablo VI ya en 1972, el 2 de febrero:
 

P.- «Está surgiendo un mundo nuevo. Se ha formado un trágico divorcio entre la fe y la vida, entre el progreso técnico-científico y el crecimiento en la fe en Dios vivo.

»La Iglesia del Vaticano II ha escuchado esta "voz de los tiempos" y ha respondido con una clara conciencia de su misión ante el mundo y la sociedad; sabe que no puede haber plenitud humana sin la gracia, sin Cristo, que es la plenitud total de las aspiraciones del hombre.

»El problema más grave del desarrollo presente es la relación entre el orden natural y el sobrenatural.

»Los Institutos Seculares aparecen como instrumentos providenciales para encarnar este espíritu y transmitirlo a la Iglesia entera.

»Por lo tanto, si antes del Concilio, los Institutos Seculares anticiparon este aspecto, con mayor razón deben ser hoy testigos especiales, ejemplares de la postura y misión de la Iglesia en el mundo.»
 

J.-  Estoy pensando que... esta forma de vida... ¿no es la que llevó la Virgen María? Ella estaba totalmente consagrada a Dios y, sin embargo, no se distinguía en nada de las demás jóvenes que vivían en Nazareth.

A.-  Así es, efectivamente. Eso mismo dijo Juan Pablo II durante su viaje a Estados Unidos.

J.-  ¡Vaya!

A.- Veo que vas comprendiendo de qué se trata. En distintas ocasiones, el Papa la ha propuesto a los miembros de Institutos Seculares, como su mejor modelo. Por ejemplo, en 1984 en Roma en el III Congreso Internacional de Institutos Seculares:
 

P.- «Que la Virgen María os sirva de ejemplo. Ella, "mientras vivió en este mundo una vida igual a la de los demás, llena de preocupaciones familiares y de trabajo" [9], avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente su unión con el Hijo hasta la cruz.»
 

J.-  Es impresionante la riqueza de esta nueva forma de consagración, que la Iglesia presenta como tan ideal y eficaz para nuestros días.

A.-  Es mucha la riqueza de los Institutos Seculares, es verdad, y por eso mismo es mucho lo que ellos se puede decir.

Por ejemplo, que el miembro de un Instituto Secular, que aspira a la perfección, tendrá que esforzarse por alcanzar una competencia en su propia profesión, sea la que sea: mecánico, enfermera, deportista, programador, científico... No precisamente por alcanzar un "prestigio social", fama, honores... tan contrarios al espíritu evangélico, sino para, de esta forma, poder servir mejor a los hombres. Piensa en la diferencia que hay, por ejemplo, entre un médico mediocre y un buen médico, competente. Además, de esta forma, podrá ser mucho más eficaz su influencia en el mundo, como transmisor de los valores del Evangelio.

Juan Pablo II, en el mismo Congreso de Institutos Seculares, en Roma, el 28 de agosto de 1984 lo explicaba así:
 

P.-«El segundo aspecto es el de la competencia en vuestro campo específico, aun cuando sea modesto y común, con la "plena conciencia del propio papel en la edificación de la sociedad" [10], necesaria para "servir con creciente generosidad y con suma eficacia" [11] a los hermanos. De este modo será más creíble el testimonio: "En esto conoceréis todos que sois mis discípulos: si tenéis amor unos para con otros" (Jn. 13, 35).»
 

A.-  Piensa en la gran influencia sobre la sociedad de cualquier trabajador, si vive esto; pero, especialmente en profesiones como periodista o profesor, médico...

J.-  Estoy pensando en las misiones. Muchas veces he pensado en las misiones. Pero realmente, ¡qué difícil lo tiene un sacerdote, por ejemplo, en medio de la selva o de una gran ciudad! ¿Qué puede hacer él solo?

Sin embargo, si va un Instituto Secular ¡sería formidable!: un abogado, un médico, maestros, etc. que van llegando a una ciudad, en la que pueden actuar desde diversos frentes, desde todos los ambientes y grupos sociales... Lo que decíamos antes: como la levadura en medio de la masa.

A.-  ¡Fíjate!, ¿y que haya tantos cristianos "en paro"?; no hay derecho.

J.-  Entonces, vamos a ver si lo he entendido. Una persona que se decide a vivir la consagración siguiendo los consejos evangélicos perteneciendo a un Instituto Secular, a los ojos de la gente –o  sea, externamente–, sigue siendo como era antes, no hay ningún cambio a los ojos de los demás. ¿No es así?

A.-  Así es; y no sólo eso; es decir, no sólo que a los ojos de sus amigos, y de la gente en general, no hay ningún cambio, sino que hasta su condición jurídica permanece exactamente igual.

En la sociedad civil, por supuesto. Pero incluso dentro de la Iglesia. Y, sin embargo, está tan consagrado a Dios como el que más. Mira, con qué claridad lo dice el canon 711 del Código de Derecho Canónico:
 

P.-  «Por su consagración, un miembro de un Instituto Secular no modifica su propia condición canónica, clerical o laical, en el pueblo de Dios.»
 

A.-  Es decir, que sigue siendo lo mismo que era, jurídicamente: laico (o seglar, que viene a ser lo mismo), o sacerdote.

J.-  ¿Es que un sacerdote también puede ser miembro de un Instituto Secular?

A.-  ¡Por supuesto que sí! Escucha a Juan Pablo II en agosto de 1980, hablando a los Institutos Seculares.
 

P.- «Exhorto a todos los miembros, sacerdotes y laicos, a perseverar en la búsqueda de una mejor comprensión de las realidades y de los valores temporales en relación con la misma evangelización: al sacerdote, para mostrarse más atento a la situación de los laicos y para llevar al presbiterio diocesano no solamente una experiencia de vida de acuerdo con los consejos evangélicos y con una ayuda comunitaria, sino también una posibilidad exacta de relación de la Iglesia con el mundo.» [12]
 

A.- Aunque lo más característico de un Instituto Secular son los laicos, los "seglares" (es decir, los cristianos sin más, como tú: trabajadores, estudiantes...), también es posible que un sacerdote forme parte de él, aunque esto ya depende de las normas de cada Instituto Secular.

J.- ¿Has dicho que depende de las normas de cada Instituto Secular?

A.- Sí, mira: lo que te he explicado hasta ahora es común a todos los Institutos Seculares. Es lo que dice el Derecho, las normas generales.

Sin embargo, son muchos los que existen. Sólo en España, por ejemplo, hay más de 20 distintos funcionando, y cada uno de ellos tiene sus notas particulares. Una de ellas es ésta: que también puedan formar parte de él sacerdotes, o que no.

El hecho de que haya sacerdotes formando parte del Instituto Secular supone indudablemente una gran ayuda para los miembros laicos, en cuanto a la facilidad para ser atendidos espiritualmente, y para ser comprendidos bien en su situación concreta y peculiar.

Además, esta estrecha relación entre laicos y sacerdotes favorece uno de los fines de los Institutos Seculares: que la misma Iglesia descubra cuáles han de ser sus relaciones con el mundo. Pues al darse esta estrecha colaboración laicos-sacerdotes, se unen muy bien los problemas reales de los trabajadores, de los estudiantes... con la doctrina y la iluminación de la fe. Puede así orientarse allí a donde verdaderamente los hombres más lo necesitan, y no puede llegar directamente la actuación del sacerdote. Ésta es una de las metas que se propuso el Concilio Vaticano II: acomodarse realmente a las necesidades del hombre actual.

J.- Parece muy fuerte eso de que la Iglesia tenga que descubrir en los Institutos Seculares cuáles han de ser sus relaciones con el mundo.

A.- No es que lo parezca, es que realmente lo es. Yo no me atrevería a decirlo, sino lo hubiera dicho el mismo Juan Pablo II:
 

P.- «Justamente mi predecesor el Papa Pablo VI, quien tanto afecto mostró por los Institutos Seculares, decía que "si permanecen fieles a su propia vocación, serán como el laboratorio experimental en el cual la Iglesia verifica las modalidades concretas de sus relaciones con el mundo" [13]».
 

A.- Hay también unas palabras de Pablo VI que son anteriores, de 1972, que indicaban este aspecto:
 

P.- «No puede menos de verse la coincidencia profunda y providencial entre el carisma de los Institutos Seculares y uno de los objetivos más importantes y más claros propuestos por el Concilio: la presencia de la Iglesia en el mundo.

Efectivamente, la Iglesia ha acentuado vigorosamente los diferentes aspectos de sus relaciones con el mundo. Ha recalcado:

 - que forma parte del mundo,
 - que está destinada a servicio,
 - que debe ser su alma y su fermento, puesto que está llamada a santificarlo, a consagrar-lo, y a reflejar en él sus valores supremos de la justicia, del amor y de la paz.

Los miembros de Institutos Seculares (...) deben ser testigos especiales, típicos, de la postura y de la misión de la Iglesia en el mundo.»
 

J.- Me has hablado de diferencias entre los Institutos Seculares. ¿En qué consisten esas diferencias?

A.- Pues mira, todos los Institutos Seculares pretenden básicamente dos cosas:

Esto es común a todos. Después, cada uno tiene sus particularidades. Por ejemplo: Además, cada Instituto Secular puede tener (aunque su "campo de acción" sea toda la sociedad y toda la vida del hombre, especialmente la propia profesión), puede tener –te decía– algún campo de acción concreto en el que realiza su acción con más intensidad. Es lo que se llaman "fines propios del instituto".

Por ejemplo, las misiones, como antes has dicho tú muy bien, o los jóvenes, o los medios de comunicación social...

J.- La verdad es que todo esto abre horizontes nuevos para mí, para mi vida. Es verdaderamente atrayente. Poder "poner" mi vida ahí, en este "invento" tan estupendo que el Espíritu Santo ha traído para nuestros días.

Oye, si yo quisiera formar parte de un Instituto Secular, ¿qué tendría que hacer?

A.- Cuánto me alegro de que me preguntes eso.

Lo primero que tienes que hacer es ser siempre fiel a Jesucristo, amarlo y buscarlo constantemente en la oración para que tus pasos te lleven hasta donde debes llegar, a donde Él quiere que llegues, y no te quedes a la mitad.

Teniendo esto seguro, que es lo principal, lo que tienes que hacer es conocer lo que es un Instituto Secular, de cerca. Si te es posible, conocer alguno en particular: cuáles son sus características concretas, sus campos de apostolado (fines propios), etc. A la vez, el Instituto Secular te irá conociendo también a ti. Y así, si después de conoceros mutuamente, ambos veis que ése es tu sitio, ¡adelante!

Lo que pasa es que, por mucha prisa que te quieras dar, tienes que esperar como mínimo dos años conociendo al instituto y su modo de vida, antes de poder ligarte con ningún tipo de vínculo con él. Lo dice así el Código en el canon 722.

Durante este tiempo puedes ir formándote para vivir según los consejos evangélicos y convertir tu vida entera en apostolado. Este tiempo está pensado para que conozcas mejor a qué te llama Dios y lo que es el Instituto.

Después, ya podrías ligarte a él con un vínculo temporal corto. Los vínculos definitivos no se pueden hacer hasta pasados, como mínimo, otros 5 años o más (en algunos institutos, este plazo se alarga hasta 7, 8 o más años).

J.- ¡Cuanto me alegro de haber descubierto todo esto!

Espero estar a la altura de las necesidades del mundo, y de lo que Dios quiera de mí.

Pide por mí para que sea valiente y generosa; para que me fíe de Jesús y sepa darle todo lo que me pida.

A.- Ten la seguridad de que así lo haré. Que Dios te bendiga y que María te acompañe y te guarde siempre.

Verdaderamente es un gran regalo de Dios para nuestros días, pero... ¿habrá quien esté dispuesto a abrirlo, o se quedará envuelto, sin ser usado?

¿Habrá jóvenes dispuestos a entregarse a Dios por los demás, o preferirán emplear su vida en ellos mismos?
 


(Jornada Mundial de Oración por las vocaciones de 1993):

P.- «Hoy está muy extendida una cultura que lleva a los jóvenes a contentarse con proyectos modestos que están muy por debajo de sus posibilidades. Pero todos sabemos que, en realidad, en su corazón existe inquietud e insatisfacción ante las conquistas efímeras; que existe en ellos el deseo de crecer en la verdad, en la autenticidad y en la bondad; que están a la escucha de una voz que los llame por su nombre. Esta inquietud es precisamente señal inequívoca de la necesidad inalienable de la cultura del espíritu.

»Este mundo atormentado por transformaciones lacerantes, necesita más que nunca del testimonio de hombres y mujeres de buena voluntad y, especialmente, de vidas consagradas a los más altos valores espirituales, a fin de que no falte a nuestro tiempo la luz de las más altas conquistas del espíritu.»


P.- «En efecto, alguna vez me había preguntado: Los jóvenes españoles, ¿serán capaces de mirar con valentía y constancia hacia el bien?»

– Síííí.

P.- «¿Ofrecerán un ejemplo de madurez en el uso de su libertad, o se replegarán desencantados sobre sí mismos ...? Noooo.»

– Noooo. [14]


P.- «Entonces Pedro se atrevió a decirle: "Ya ves que nosotros hemos dejado todo para seguirte". Jesús respondió: "Ciertamente os digo: ninguno que haya dejado casa o hermanos o hermanas o padre o madre o hijos o campos por causa mía y del Evangelio, se quedará sin recibir cien veces más ya en este mundo, de casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y campos, con persecuciones; y en el tiempo venidero, la vida eterna.» [15]


P.- «Me dirijo sobre todo a vosotros, queridísimos chicos, chicas, jóvenes y menos jóvenes, que os halláis en el momento decisivo de vuestra elección. Quisiera encontrarme con cada uno de vosotros personalmente, llamaros por vuestro nombre, hablaros de corazón a corazón de cosas extremadamente importantes, no sólo para vosotros individualmente, sino para la humanidad entera.

»Quisiera preguntar a cada uno de vosotros: ¿Qué vas a hacer de tu vida? ¿Cuáles son tus proyectos? ¿Has pensado alguna vez en entregar tu existencia totalmente a Cristo? ¿Crees que puede haber algo más grande que llevar a Jesús a los hombres y los hombres a Jesús?

»Es obvio que rezar por las vocaciones no quiere decir ocuparse únicamente de las vocaciones de los demás. Para todos, pero especialmente para vosotros, significa comprometer directamente la propia persona, ofrecer la propia disponibilidad a Cristo. Ya sabéis que Él tiene necesidad de vosotros para continuar la obra de la salvación. ¿Permaneceréis, entonces, indiferentes e inertes?

»Hoy, queridísimos jóvenes, son muchas las voces que intentan invadir vuestras conciencias; ¿cómo distinguir la Voz que da el verdadero sentido a vuestra vida? Jesús se hace sentir en el silencio y en la oración. En este clima de intimidad con Él, cada uno de vosotros podrá percibir la invitación, dulce y al mismo tiempo firme, del buen pastor que le dice: "¡Sígueme!" (cf. Mc 2, 14; Lc 5, 27).

»Muchos de vosotros estáis llamados a hacer presente el sacerdocio de Jesús; otros muchos a darse totalmente a Él viviendo una vida casta, pobre y obediente; muchos a lanzarse como misioneros por todos los continentes. Muchas jóvenes están llamadas a ofrecer su amor exclusivo a Cristo, único Esposo de su vida. Cada llamada de Cristo es una historia de amor única e irrepetible.

»¿Cuál es vuestra respuesta? ¿Os falta tal vez coraje para responder que sí? ¿Os sentís solos? ¿Os preguntáis si es posible comprometerse en el seguimiento de Jesús de modo total y para toda la vida?

»Si Él os llama y atrae hacia sí, estad seguros de que no os abandonará. Muchas veces leemos en el Evangelio: "No tengáis miedo" (cf. Mt 14, 27; Mc 6, 50); "No os dejaré huérfanos" (Jn 14, 18). Quiere decir que Él conoce nuestras dificultades y da a los llamados fuerza y ánimo para superarlas. Jesús es todo en nuestra vida; por tanto, ¡fíaos de Él!» [16]
 



  [1]  Juan Pablo II, Plaza de Colón (Madrid), junio de 1993.
  [2]  Folleto "Textos de Juan Pablo II sobre la vocación", texto nº 6, apartados 2 y 3 (no íntegros), pp. 15 a 17.
  [3]  Juan Pablo II, encuentro con religiosos y miembros de Institutos seculares, Madrid, 2-XI-1982.
  [4]  Pío XII, Provida Mater Ecclesia, 2-II-1947
  [5]  Juan Pablo II, a la asamblea plenaria de la Sagrada Congregación para los Religiosos y los Institutos Seculares, 7-V-1983.
  [6]  Catecismo de la Iglesia Católica, n. 929.
  [7]  Código de Derecho Canónico, c. 713.
  [8]  Código de Derecho Canónico, c. 713.
  [9]  AA, 4.
[10]  AA, 20.
[11]  GS, 93.
[12]  Juan Pablo II, 28-VIII-1980. Folleto PPC "Institutos Seculares en España", pág. 23.
[13]  Pablo VI, discurso al Congreso Internacional de los Institutos Seculares, 25-VIII-1976.
[14]  Juan Pablo II, encuentro con los jóvenes en el estadio Santiago Bernabéu, Madrid, 3-XI-1982.
[15]  Mc. 10, 28-30.
[16]  Folleto "Textos de Juan Pablo II sobre la vocación", texto nº 7 (íntegro), pp. 18 y 19.
 

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